Revista Digital Marbella & Costa del Sol
   
   
El periodista José Luis Yagüe entrevisto en los primeros días de su estancia en Marbella al Rey Fahad cuando entonces era príncipe heredero en la década de los '70
   
   
 
Mezquita del Rey Abdul Aziz al Saul
 
   

El veterano periodista José Luís Yagüe, en aquella época delegado en Marbella y la Costa del Diario “Sol de España”, “ABC” y “Europa Press” fue el primer periodista español que conoció y entrevistó al entonces príncipe Fahad nada más llegar a Marbella, manteniendo una relación que benefició a Marbella con dos importantes donaciones: la de viviendas sociales y donación al Hospital Costa del Sol. Su testimonio, es el siguiente:

“José Luís, me acaban de llamar de Montecarlo para decirme que un jeque árabe hizo saltar anoche la banca en el Casino y que esta mañana salía para Marbella, entérate, porque esta es una buena noticia”, me dijo el príncipe Alfonso de Hohenlohe. Efectivamente, el heredero de la Corona del Reino de Arabia Saudí, príncipe Fahad bin Abdul Aziz Al Saud acompañado de un séquito de más de 100 personas acababa de ocupar toda un ala del Hotel Clínica Incosol. Pedí a Gericolor un fotógrafo y Andrés Lanza me acompañó. Saludé al príncipe que accedió a concederme

una entrevista, la única que ha otorgado en su vida a un periodista español.
Durante dos horas conversamos de la importancia del petróleo y de cuales eran sus proyectos en el momento que accediera al trono. Su preocupación, me dijo, era aprovechar la enorme riqueza del petróleo para modernizar su país, invirtiendo en infraestructuras básicas, cosa que así ha hecho, construyendo uno de los más grandes aeropuertos del mundo, el de Jedda, autopistas, edificios emblemáticos e instalaciones deportivas. Y también que Marbella le gustaba mucho porque consideraba que esta era una tierra bendecida por Alá. “Me gustaría poder hacer una donación importante a esta ciudad-me dijo- a ser posible un gran hospital”. No se preocupe, le contesté, que mañana traigo al alcalde de la ciudad para que lo visite.
Efectivamente, Alfonso Cañas, el primer alcalde de la Democracia en Marbella, se alegró de la noticia y junto con su secretario, Lucas Cañizares, nos sentamos a conversar con el que luego sería Rey de Arabia. “Un hospital ya no nos hace tanta falta, porque acabamos de inaugurar la Clínica Marbella que está dotada como un hospital. Nuestra necesidad, Alteza- le dijo Alfonso Cañas-, es de viviendas sociales. Aquí hay grandes mansiones, pero faltan viviendas para los trabajadores.”
Fahad accedió al cambio y prometió al alcalde 2 millones de dólares para hacer 100 viviendas en Marbella y San Pedro. Pocos días después me llamaban a mí de la Embajada en Madrid para que dijera al alcalde que ya estaba el cheque con los dos millones de dólares, en cuya entrega ocurrió un hecho que siempre destaco: El embajador salió con un cheque al portador por 2 millones de dólares y Cañas, se escandalizó: “no, no, al portador, no”. El embajador volvió al interior y salió con nuevo cheque: a nombre de Alfonso Cañas Nogueras. “no, no, señor embajador, tiene que ser a nombre del M.I. Ayuntamiento de Marbella”. La verdad es que yo nunca volví a saber nada de aquel cheque, aunque me han hablado de sabrosos extratipos en el Banco Andalucía en la época de Paco Leyton y Paco Merchán, durante los largos meses en que allí estuvo depositado. Ni tampoco se acordaron de mi en aquella larga lista de personas que habían de adjudicar las viviendas.
A raíz de aquella entrevista yo acudía cada día a Incosol para preguntar al príncipe Fahad como lo iba pasando en Marbella. En uno de los sofás del hall estaba cada tarde sentado un arquitecto que se había venido de Marruecos. Ramblas me pidió ayuda: “Sr. Yagüe usted que tiene tanta amistad., porque no me presenta al príncipe que le quiero proponer el diseño de un Palacio”. Efectivamente así fue y Ramblas construyó el Palacio Mar Mar, una réplica de la Casa Blanca americana. La verdad es que este hombre me estuvo eternamente agradecido, sobre todo cuando rehusé el regalo que quería hacerme, pero allá donde me viera, no me dejaba pagar ni una comida ni una cerveza.
En aquel primer desembarco del príncipe Fahad en Marbella, la embajada envió a un sirio que hablaba perfectamente español, llamado Eyad Kayali, quien enseguida se hizo cargo de las relaciones externas. En Incosol conocí también a Colón de Carvajal que traía un Rolls Royce beige del Rey Juan Carlos para ponerlo al servicio de Fahad. Todo el interés era agradar al príncipe heredero saudí.
Como anécdota diré que el día de la despedida el príncipe comenzó a repartir propinas “a pellizco”. Llevaba una especie de caja de zapatos donde encajaban perfectamente los billetes grandes de mil pesetas, en paquetitos de cinco. A los consejeres, un pellizco a la cajita, saliera lo que saliera, sin contar. A las telefonistas, camareros, etc. etc. Yo veía como en un momento se vaciaban las cajas y se abrían otras. Tengo que confesar que a mí no me llegó ningún pellizco, aunque siempre estaré muy agradecido de la amistad con Fahad. En viajes posteriores, siendo ya Rey, el embajador Bachir Kurdi me llamaba para porder estar al pie de escalerilla en el recibimiento. “My old friend”, me decía el Rey.
Cuando me explicaba cómo era Arabia Saudí y cómo la quería transformar surgió la invitación para visitarle. Con su hermano el príncipe Salman, también amigo, se me pidió que organizase un viaje institucional de Marbella para visitar a Fahad y Salman en su Palacio. Preparé con el presidente de la compañía aérea Saudia el viaje con el alcalde y uno de los concejales de cada partido en la Corporación. Fue aquel viaje célebre en el que se regaló a Alfonso Cañas la espada de oro y diamantes. En la tarde del 5 de enero, los responsables del protocolo del Palacio Real se presentaron en el hotel de Riyadh donde nos alojábamos con unos sacos, de los que empezaron a salir relojes de oro y brillantes, pisacorbatas y gemelos de oro con el escudo saudí y otros regalos de gran valor. Estábamos en Oriente y el Rey nos hacía el regalo. A mí me entregó un Baume Mercier, de oro y brillantes valorado en 10.000 dólares y otros objetos, que dejé depositados en la caja fuerte del Banco Andalucía que meses después desvalijaban los italianos.
A partir de entonces Fahad se volcó con Marbella, a pesar de una tremenda campaña de algún periódico de Málaga que criticaba y atacaba su presencia, diciendo que el aeropuerto malagueño se encontraba colapsado por su culpa, ya que además del Jumbo real y de la flota que transportaba los vehículos blindados, ministros y dignatarios de todo el mundo no cesaban de volar a Málaga para visitarle.
Tras un lapso de tiempo en el que decidió no venir a Marbella ante tal campaña, de nuevo se animó a venir y se hicieron preparativos para ello.
El embajador Bachir Kurdi me llamó para pedirme información sobre el Hospital Costa del Sol y si estaba convenientemente equipado. Contacté con el jefe de Endoscopia y Digestivo del centro hospitalario y llevé al embajador a realizar una visita al centro, concretando propiciando esa mañana la aportación de una valiosa donación del Rey Fahad.
La gran inversión la realizó el Rey de Arabia antes de su última visita, truncada por la invasión de Iraq. Mandó ampliar el Palacio dotándolo de una capacidad de alojamiento de hasta 3.000 plazas, a fin de poder albergar su guardia personal y dignatarios de su palacio en Riyadh

Texto José Luis Yagüe
   
       
El periodista José Luis Yagüe saludando al príncipe Salman
foto archivo de Andres Lanza
El entonces príncipe Fahad con Alfonso de Hohenlohe
en Incosol años '70

foto archivo de Andres Lanza
       
 
       
       
 
       
     
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